NOTA INFORMATIVA

YA HEMOS SUBSANADO EL PROBLEMA DE LA LÍNEA TELEFÓNICA. VOLVEMOS A ESTAR A SU DISPOSICIÓN EN NUESTRO TELÉFONO: 𝟵𝟴𝟲 𝟰𝟵𝟳 𝟮𝟳𝟯. FELIZ 𝙋𝙐𝙀𝙉𝙏𝙀 𝘿𝙀𝙇 𝙋𝙄𝙇𝘼𝙍 A TOD@S.
𝗡𝗢𝗧𝗔 𝗜𝗡𝗙𝗢𝗥𝗠𝗔𝗧𝗜𝗩𝗔̲ Desde ayer, Martes 06/10/26, tenemos una avería en el teléfono de la Biblioteca. Si necesitan ponerse en contacto con nosotros, pueden hacerlo a través de nuestro correo electrónico 𝙗𝙞𝙗𝙡𝙞𝙤𝙩𝙚𝙘𝙖@𝙥𝙖𝙯𝙤𝙨𝙙𝙚𝙗𝙤𝙧𝙗𝙚𝙣.𝙜𝙖𝙡, o acercarse hasta la Biblioteca y les atenderemos personalmente. Recordarles que nuestro horario es: 𝗟𝘂𝗻𝗲𝘀, 𝗠𝗶𝗲́𝗿𝗰𝗼𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝗩𝗶𝗲𝗿𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝟭𝟬:𝟬𝟬 𝗮 𝟭𝟰:𝟬𝟬. 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗝𝘂𝗲𝘃𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝟭𝟲:𝟬𝟬 𝗮 𝟮𝟬:𝟬𝟬. En cuanto el problema de la línea esté solucionado, les avisaremos. Disculpen las molestias.
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mércores, 7 de decembro de 2016

GALICIA ENCANTADA


GALICIA ENCANTADA
O país das mil e unha fantasías
Autores: Antonio Reigosa
Ilustracións: Noemí López                     
Edicións Xerais de Galia, S.A; 2014
Colección: Libro X

Xénero: Literatura Galega - Narrativa

O proxecto Galicia Encantada naceu no seu día para navegar pola internet e, agora, dez anos despois, faise libro. Unha parte dos documentos atesourados na web durante este tempo, revisados e actualizados, transmútanse en papel impreso coa gozosa pretensión de compartir a marabilla dos mitos, lendas, ritos, contos e outros sucedidos, case sempre sorprendentes.

Un cento de historias que percorren este País das mil e unha fantasías de norte a sur, de leste a oeste, do mar á montaña, da terra ao aire, da auga ao lume. Viaxes de ida e volta, desde o mundo real ao imaxinario e viceversa, guiados polo saber de máis de medio cento de coautores que exercen de cronistas da memoria dunha Galicia sabia e auténtica, irremediablemente encantada.

ISBN: 978-84-9914-780-2
Nº de páxinas: 240
Encuadernación: Tapa blanda

venres, 7 de febreiro de 2014

«Cincuenta sombras de Grey», positivo por herpes

Dos profesores belgas, expertos en bacteriología y toxicología, examinaron los diez libros más prestados en la biblioteca de Amberes con sorprendentes resultados


Dos profesores universitarios belgas han decidido aplicar sus conocimientos sobre toxicología a los diez libros más prestados en la biblioteca de Amberes.

Según recoge la revista «Time», cada obra fue sometida a exhaustivas pruebas de bacteriología y toxicología, y los resultados han revelado que entre las páginas (y sobre las cubiertas) hay más gérmenes de lo que los profesores esperaban.

Los profesores, con los libros analizados

Aunque los diez libros analizados contenían restos de cocaína (no suficiente para que los lectores sintieran sus efectos por el mero hecho de tocarlos, pero sí para dar positivo en un control de drogas), el resultado más repugnante lo encontraron en el ejemplar de «Cincuenta sombras de Grey».

Sin riesgo para la salud pública



venres, 31 de xaneiro de 2014

"Son solo Frases"


En la vida hay frases que hieren y frases que nos levantan el ánimo y nos ayudan a crecer en nuestro vivir diario. He tenido la bendición de leer algunos libros en los cuales se dicen algunas frases que a mí personalmente me han ayudado mucho en los años de vida que tengo que no son pocos.

Hoy quiero compartir con Ustedes algunas frases de un escritor nacido en Argentina, de padre lituano, y de madre ucraniana, el cual ha escrito varios libros, su nombre es José Narosky, quiero decirles que muchas de estas frases han hecho gran impacto en mi vida.

“Y dicen como sigue”:

Todos caminaron. Pero pocos dejaron huellas.

Solo los cuerdos aman con locura.

Cuando leo que se asesinó a un ser humano quisiera ser analfabeto.

Nacer vacío, posibilita todo. Vivir vacío, nada.

La verdadera hermandad no requiere lazos de sangre.

Todos pueden seguir la corriente. Pocos enfrentarla.

Nadie pudo ver el cielo sin elevar la mirada.

Los valientes también temen. Pero siguen avanzando.

Dar con los ojos cerrados. Recibir con los ojos abiertos.

Hay quien arroja un vidrio roto sobre la playa. Pero hay quien se agacha a recogerlo.

Compañerismo no siempre es amistad. Pero amistad siempre es compañerismo.

Tengo pocos amigos. Pero cuánta amistad tengo.


Por:  Ray Ortega


xoves, 30 de xaneiro de 2014

Escrito a mano


En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros. 

Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar. En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras. 

Por su parte, el escribir en letra de imprenta implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración. Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros. 

Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. 

Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo. Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta. Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere. 


Por: Guillermo Jaim Etcheverry

mércores, 29 de xaneiro de 2014

Solo estoy mirando cuántas cosas existen que no preciso para ser feliz


Al viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet, en Mongolia, Japón y China.

Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.

Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café,todos comían vorazmente.

Aquello me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?”

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté:

“¿No fuiste a la escuela?”  Ella respondió: “No, voy por la tarde.”

Comenté: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde.”

“No”, respondió ella, “tengo tantas cosas por la mañana…”

“¿Qué cosas?”, le pregunté.

“Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación”, y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.

Me quedé pensando: “Qué pena, que Daniela no dijo: “¡Tengo clases de meditación!”

Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”. “Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!”




martes, 28 de xaneiro de 2014

Las novelas que leemos dejan huella en el cerebro

Ayudan a mejorar la empatía porque activan las regiones cerebrales que nos ayudan a ponernos en la piel de los otros


“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, sostenía Miguel de Cervantes. Y no le faltaba razón, como en tantas otras cosas. Leer es una saludable actividad para el cerebro que no sólo aumenta nuestra empatía, al facilitar que nos pongamos en la piel de los personajes que viven en sus páginas, sino que también deja una huella duradera en el cerebro relacionada con las aventuras que leemos. Al menos eso es lo que sostiene un estudio de la Universidad de Emory, publicado en “Brain Connectivity”, que asegura que las novelas pueden cambiar el cerebro de forma parecida a como lo hace la experiencia cotidiana.

La lectura de un libro como Pompeya, de Robert Harris, que narra las últimas horas de la ciudad italiana tras la erupción del Vesubio en el año 79 d C., logró aumentar la conectividad de la corteza temporal izquierda en el cerebro de 21 voluntarios que participaron en el estudio durante 19 días. El incremento de conectividad de esta zona, que alberga el área del lenguaje, persistió después de acabar el libro, lo que hace pensar que estos cambios son duraderos. Los cambios en esta zona podrían ser hasta cierto punto esperables, ya que la corteza temporal izquierda, además de estar implicada en la producción del habla, el procesamiento del lenguaje y la comprensión, interviene también en el análisis de las oraciones complejas que conforman un libro.

En la piel del protagonista


Por: Pilar Quijada 


venres, 24 de xaneiro de 2014

¿Es malo para la vista leer con poca luz?


Una de las cosas que hemos hecho todos los adictos a la lectura es leer en penumbra durante la noche, de modo que no se dieran cuenta de que aún estábamos despiertos y al día siguiente había que madrugar para ir a clase. Supongo que ésa fue una de las razones para que se propagara con tanta facilidad el mito de que leer con poca luz estropea la vista.

Basta con hacer un poco de retrospectiva para descubrir que el mito no tiene sustento. El ojo humano evolucionó durante un periodo en el que no leíamos, sin estar obligado a moverse de izquierda a derecha sobre una superficie muy cercana durante horas. Eso puede fatigar la vista, pero lo hace con independencia de la luz (si hay menos luz, quizá se fatigue antes, pero de ninguna manera se perderá visión). Leer con poca luz hará que te canses antes de leer, pero nada más.


Fuente: Xatakaciencia


xoves, 23 de xaneiro de 2014

Diez tecnologías que se inspiraron en la naturaleza



mércores, 22 de xaneiro de 2014

Secretos íntimos del cerebro lector

Neurociencias. Lejos de ser una actividad marcada por la pasividad, leer ejercita las neuronas y modifica nuestro cablerío interior.


En un pasillo de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, un hombre lee. Devora con la mirada. Sus ojos saltan de una palabra a otra sin arrojar ancla en puntos, comas o paréntesis. Ninguno de los alumnos que corren desesperados esquivando carteles rosas de la agrupación estudiantil "La Freud" para llegar a tiempo a una clase –teórica– sobre libido y sexualidad sospecha que este lector obsesivo no lee como cualquiera. Manuel Carreiras se alimenta de frases, párrafos y capítulos con una ventaja: este psicólogo español conoce de primera mano los secretos científicos de la lectura, aquellos procesos silenciosos que se activan en nuestros cerebros en el preciso momento en que un libro –novela o ensayo– nos hipnotiza y nos secuestra del mundo.

"Al leer, tres áreas de la corteza exterior del cerebro trabajan: el lóbulo frontal, encargado de procesar las imágenes; el lóbulo occipital, que asocia los símbolos que percibimos, o sea, las letras con un significado, y también el lóbulo temporal –cuenta el director científico del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL) en San Sebastián, sin quitar los ojos del libro El tiempo entre costuras de María Dueñas–. Se ven claras diferencias morfológicas entre los cerebros de aquellos que leen y aquellos que no".

A diferencia del carácter instintivo del lenguaje –solo basta con estar inmerso en una comunidad para aprender un idioma–, la lectura y la escritura requieren una instrucción formal. Y, pese a que ahora convivamos con estas capacidades tan naturalmente, no existen desde siempre: la lectura es una invención relativamente reciente en la historia de la humanidad. Apareció en diversos sitios del planeta en distintas épocas. En Mesopotamia en el 3000 a.C., en China en el 1200 a.C. y en Mesoamérica en el 500 a.C.

Fue, sin embargo, hace poco que psicólogos y neurocientíficos corrieron la cortina y descubrieron algo ya sabido desde hace siglos por escritores, libreros, profesores de literatura, promotores de editoriales y suplementos literarios: leer nos transforma por dentro. Y mucho.

Carreiras y su equipo de investigadores fueron más allá del sentido común y lo pusieron a prueba. Para ello, compararon las imágenes de resonancia magnética de los cerebros de veinte ex guerrilleros colombianos adultos que habían completado un programa de alfabetización con imágenes cerebrales de otros veintidós ex guerrilleros adultos analfabetos. Y los resultados, publicados en la revista Nature, fueron sorprendentes: las personas alfabetizadas mostraron un incremento importante en la materia gris, es decir la densidad neuronal, y en la materia blanca, aquella encargada de conectar los dos hemisferios del cerebro.

"Cada vez que leemos, nuestro cerebro cambia. La lectura provoca alteraciones estructurales como todo aprendizaje –dice Carreriras, fanático de John Le Carré y e invitado por la Asociación Argentina de Ciencias del Comportamiento–. El cerebro es un órgano muy plástico. Y leer es para la mente como ir al gimnasio. Desencadena procesos complejos y automatizados. Por eso nos parecen tan simples".

La lectura está omnipresente en nuestra sociedad de la (hiper)información. Curiosamente, una vez que aprendemos a leer no podemos hacer otra cosa que leer palabras. Y lo hacemos a una velocidad tremenda: cuatro palabras por segundo. O sea, una palabra cada 250 milisegundos. Ninguna actividad humana moviliza y ejercita tantas variedades de memoria como la lectura: al leer ponemos en acción la memoria verbal y visual, realizamos varias operaciones complicadas de codificación ortográfica, semántica, fonológica. Nuestro cerebro, por ejemplo, es sensible a la ortografía, a la posición de las letras en una palabra. No es lo mismo "sol" que "los".

Cuando leemos, cuenta Carreiras, no nos detenemos letra por letra. Escaneamos el texto. Si bien no dejamos de reconocer letras, no somos conscientes de eso. Leemos a pantallazos. Extraemos información a través de muchas fuentes de información. De ahí, la importancia de la tipografía, la relevancia del diseño gráfico, del "traje" que viste a un texto. Lo cual explica también por qué no es exactamente lo mismo leer en un libro, en Internet o en un Kindle, aunque se trate del mismo texto, de las mismas palabras escritas por el mismo autor.

"Además, cuando leemos un texto predecimos, rellenamos. Hay procesos de reconocimiento de palabras. La lectura es dinámica y se hace salteando letras y pedazos de palabras. Por eso, para ejercitar la memoria y retrasar los síntomas del Alzheimer la mejor recomendación es leer habitualmente y hablar una segunda lengua", revela este especialista en psicolingüística y neurocognición conocido también por investigar por qué ciertos chicos tienen problemas de lectura.

Leer, así, no es una actividad marcada por la pasividad. Es el combustible de las neuronas, una actividad que nos enriquece cerebralmente. Y que mueve también nuestro cablerío interno. Según un estudio realizado en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, si una palabra viene acompañada por una serie de estímulos no lingüísticos cuando la leemos –ya sea un sonido, un olor, una sensación–, cada vez que nuestro cerebro vuelva a percibirla se estimularán también las áreas encargadas de procesar el estímulo no lingüístico asociado. O sea: cuando leemos palabras como "chocolate", "medialunas" o "huevo frito" en nuestro cerebro se activan también aquellas zonas que utilizamos para captar olores y gustos.

Pero esta habilidad y costumbre, además de fortalecer la imaginación y la concentración, trasciende el mero hecho de consumir símbolos. "La lectura nos permite hablar con los muertos", decía Francisco de Quevedo en el siglo XVI. Conecta personas a través de décadas y kilómetros, rompe las barreras del tiempo y el espacio: la lectura (y su hermana siamesa la escritura) nos permite transmitir pensamientos de generación a generación. Se puede legar toda una cultura porque ha quedado impresa mientras que los rasgos de la oralidad se pierden en el aire (¿cómo hablaban los egipcios?).

Sin la lectura viviríamos en un mundo meramente inmediato, en un presente continuo como lo hace el resto de los animales. O peor: no tendríamos la capacidad de abstracción e imaginación que la escritura y la lectura incentivan.

Leer también nos vuelve más veloces mentalmente y permite que nuestra experiencia sensorial sea más rica. En el caso de los libros gordos, aquellos que superan las 300 páginas, la lectura inmersiva y profunda es el antídoto contra la tiranía de la superficialidad (y brevedad) de las redes sociales que nos bombardean de estímulos dejándonos siempre como adictos o, peor, como los perros de Pavlov que salivaban ante un nuevo sonido. En nuestro caso, la lucecita del celular.

Como explica Emanuele Castano, profesor de psicología en la New School for Social Research de Nueva York, en un paper publicado en la revista Science, leer –y no solo leer cualquier cosa sino libros de ficción de calidad, no obras light de Paulo Coelho u Osho– mejora un conjunto de habilidades que nos dan mayor empatía con el prójimo. Aceita procesos de pensamiento fundamentales en las relaciones sociales complejas como los que intervienen en el acto de entender el pensamiento y las emociones de otros.

Stéphane Mallarmé, el gran crítico y poeta francés del siglo XIX, decía que, al leer, un concierto solitario y silencioso se produce en nuestra mente. Todas nuestras facultades mentales están presentes en esa exaltación sinfónica. Neurocientíficos y psicólogos como Carreiras ahora amplían esta imagen: leer es una actividad tan musical como eléctrica. Todo un festín para el cerebro.

Por: Federico Kukso

luns, 20 de xaneiro de 2014

Leer nos hace más empáticos (entre otras cosas)

Son muchos los beneficios de la lectura, digital, no digital o de la forma que cada uno/a prefiera. Una serie de estudios aporta evidencias sobre algunos de sus efectos, por si os quedaba alguna duda. Los recojo y matizo de un artículo, destacando los que creo más novedosos o importantes. Defiendo firmemente que una apropiación adecuada de los adelantos tecnológicos depende de valores y cultura y destaco que en el segundo aspecto España tiene mucho que mejorar. Además de este enorme beneficio social existen otros a nivel individual:


Leer puede reducir el estrés
Resulta un buen ansiolítico, incluso, como muchos sabemos, un buen somnífero, como lo confirman varias investigaciones. Y esto es así incluso en mayor medida que tomar una taza de te, escuchar música o incluso dar un paseo. En solo 6 minutos de inmersión lectora se relaja la tensión muscular y disminuye el ritmo cardíaco, probablemente por el mismo motivo por el que nos relaja cualquier acto creativo: porque nos evade de nuestros propios problemas, nos transporta "fuera de la caja" de nuestras preocupaciones diarias. Podríamos ampliar estas conclusiones al hecho de ver una buena película.



Leer ayuda a agudizar el ingenio

Una trayectoria vital lectora ayuda a mantener en forma el cerebro cuando somos mayores, según varios estudios (Neurology), que cifran el deterioro cognitivo en la vejez  como un 32% menor. De nuevo podemos ampliar esta conclusión a otros tipos de actividad mental: lectura, puzzles, etc. conllevan menor incidencia de Alzheimer, según otro estudio publicado en USA Today.

martes, 14 de xaneiro de 2014

La forma en que Morse averiguó qué letras se usan más para que las comunicaciones fueran más ágiles



Antes de la llegada de las telecomunicaciones, si querías que alguien que vivía lejos recibiera un mensaje debías encomendarte al correo a caballo o correr tú mismo con el mensaje, al estilo Forrest Gump.

Otra opción era ir encendiendo fuego en diversas atalayas interconectadas visualmente, como sucede en El señor de los anillos. Una opción que, por ejemplo, se empleó en la Guerra de Troya: entonces se recorrieron cientos de kilómetros en menos de un día, tal y como podéis leer con más con más detalle en Recorriendo el fuego griego al estilo de 'El señor de los anillos' en plena guerra de Troya.

Más tarde, la velocidad de los mensajes, entonces, se volvió casi instantánea gracias a un invento bastante reciente: el telégrafo. Este dispositivo fue inventado por Samuel Finley Breese Morse, estadounidense, en 1832. El 24 de mayo de 1844, Morse transmitió el mensaje que se haría tan famoso: "Qué nos ha forjado Dios" (traducción literal) o también: "Lo que Dios ha creado" (What hath God wrought, una cita bíblica, Números 23:23) desde la Corte Suprema de los Estados Unidos en Washington, D.C. a su asistente, Alfred Vail, en Baltimore, Maryland.

Sin embargo, escribir en Morse aún era más lento que hablar, así que Morse y Vail, en aras de incrementar la velocidad de transmisión, se dieron cuenta de que podían ahorrar golpes de telégrafo reservando las secuencias más cortas de puntos y rayas para las letras más corrientes. Sin embargo, en aquella época todavía se conocía muy poco sobre las estadísticas del alfabeto. Hasta que Vail tuvo una idea.
Viajó a New Jersey para visitar las oficinas del periódico local de Morristown. Examinó las cajas tipográficas, descubriendo que había un surtido de 12.000 "e", 9.000 "t" y sólo 200 "z", tal y como explica James Gleick en su libro La información:
Vail y Morse reorganizaron el alfabeto según estos datos. Originalmente habían usado raya-raya-punto para representar la "t", la segunda letra más corriente; así que ascendieron a la "t" y le asignaron una sola raya, ahorrando así a los operadores telegráficos del futuro millones y millones de pulsaciones en el teclado. Mucho tiempo después, los teóricos de la información calcularían que aquello había supuesto una ganancia de casi un quince por ciento para un texto telegráfico inglés.
Un siglo más tarde, los estudios sobre la frecuencia de las letras y de las palabras en distintos idiomas se han desarrollado mucho más, sobre todo a raíz de la investigación del el lingüista de Harvard George Kingsley Zipf (1902-1950), que afirmó que un pequeño número de palabras son utilizadas con mucha frecuencia, mientras que frecuentemente ocurre que un gran número de palabras son poco empleadas.


Para conocerlas, debemos coger un texto con más de 5.000 palabras y, entonces, se calcula cuántas veces aparece una palabra concreta. Se ordena la tabla de palabras de más a menos frecuente. El orden en que aparece cada palabra en esta lista ordenada se llama "rango".

En el idioma español, por ejemplo, las palabras que encabezan este rango siempre son artículos y preposiciones. El Quijote tiene 23.516 palabras distintas, de las 11.584 aparecen una sola vez. Como las otras 11.932 palabras se repiten una o más veces, el total de palabras contenidas en el libro es de 383.382.

Cifras que no se podían calcular cuando nos comunicábamos binariamente con fuegos desde atalayas, pero que resultan muy pertinentes a la hora de organizar y transmitir la información de la forma más económica posible. Podéis leer más sobre ello en La ley de Zipf: la frecuencia con la que una palabra aparece en un texto.

Fuente: Xatakaciencia



sábado, 11 de xaneiro de 2014

Probabilidades poco probables en tu vida cotidiana y no tan cotidiana



El mundo está lleno de probabilidades, pero a nuestro cerebro no se le da demasiado bien calcularlas. He aquí una pequeña lista de las más llamativas para que la próxima vez podáis dosificar la prudencia, cuidado o miedo que deberéis conceder a determinado hecho.

- 1 caso entre un millón: encontrar dos huevos de doble yema en una misma caja de media docena. O que un gran terremoto sacuda la falla Hayward en California en los próximos 50 minutos. O que una pareja interracial tenga mellizos de diferentes razas.

- 1 caso entre 600.000: ganar la Lotería Nacional, el sorteo de los jueves. Seguida a mayor distancia de la Quiniela, que para llevarse el pleno, la probabilidad es de uno entre casi cinco millones. La suerte de ganar el premio mayor con la Lotería Primitiva es de uno entre 14 millones. Le sigue El Cuponazo, con una probabilidad de uno entre 15 millones. Luego se sitúa El Gordo de la Primitiva con una probabilidad de llevarse el primer premio de 1 entre unos 31 millones y por último El Euromillón, con una probabilidad de uno entre 76 millones. Con todo, como nos señala en los comentarios Gaussianos, cabe una matización: La probabilidad de llevarse el pleno de la Quiniela es 1 entre 3^(15)=14348907. Y la del Euromillón es mayor de la que comentáis desde los cambios que se hicieron en 2011: 1 entre 116531800.

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Fuente: Xatakaciencia


mércores, 25 de decembro de 2013

Diez cosas que hemos aprendido gracias al telescopio espacial Hubble


600.000 grabaciones. 500.000 fotografías. 4.800 artículos científicos con los datos recabados por el telescopio. Éstas son algunas de las espectaculares cifras que ha generado el telescopio espacial Hubble, un telescopio que orbita en el exterior de la atmósfera, en órbita circular alrededor de la Tierra a 593 km sobre el nivel del mar, con un período orbital entre 96 y 97 min.

A continuación, diez importantes cosas que hemos aprendido acerca del universo gracias al Hubble:
  1. Que el universo tiene aproxiadamente 13.700 millones de años.
  2. Que la expansión del universo se puede estar acelerando.
  3. Que la megatormenta que rodea a Júpiter varía de color con frecuencia, en parte debido a los cambios de temperatura.
  4. Que los planetas que orbitan a otras estrellas tienen moléculas orgánicas en sus atmósferas.
  5. Que las nubes de Júpiter son de amoníaco cristalizado y compuestos de carbono, azufre y fósforo.
  6. Que probablemente hay un agujero negro en el centro de cada galaxia.
  7. Que es probable que los anillos de polvo que rodean a las estrellas se transformen en planetas.
  8. Los planetas son mucho más comunes de lo que se pensaba.
  9. Las galaxias gigantes a veces colisionan creando nuevas estrellas a partir de nubes de gas y polvo.
  10. Detección de la primera molécula orgánica fuera de nuestro sistema solar, una molécula de metano descubierta en un exoplaneta que se encuentra a 63 años luz de la Tierra en la constelación de Vulpecula.
En el siguiente video podéis contemplar un recopilatorio de las más llamativas fotografías tomadas por Hubble durante el año 2010:

Vídeo de Youtube

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Fuente: Xatakaciencia



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